Para lograr un nivel sostenible de desarrollo en el próximo siglo es evidente que los fondos para mantenimiento y reparaciones tendrán que ser incrementados substancialmente. Si reconocernos las limitaciones que existen debido a otros componentes deficientes de la infraestructura, se hace patente que hay que maximizar la rentabilidad de los fondos disponibles. Esto sólo podrá llevarse a cabo aumentando la vida mínima de servicio o la vida útil de 100 a 120 años y seleccionando estructuras en base de su análisis de
costos durante su ciclo vital. Para puentes mayores en
medio ambientes urbanos, la vida útil minima no debe
ser menos de 150 años.